martes, 17 de marzo de 2015

Se cumplen 70 años de la muerte de Ana Frank

Cada día, frente a la iglesia del Oeste en Amsterdam, una larga cola de visitantes dobla la esquina donde confluyen Prinsengracht y Westermark. La fila avanza lenta y pacientemente en dirección a la entrada de Anne Frankhuis, la casa donde Anna Frank, una niña judía, estuvo escondida durante dos años junto con sus padres, su hermana, el matrimonio Van Pels y su hijo, y Fritz Pfeffer, un dentista al que las dos familias decidieron ayudar.

La familia Frank había emigrado de Alemania en 1933 huyendo de la política nazi. Otto Frank había establecido su empresa de condimentos alimenticios en Amsterdam. Fue una buena época hasta que en 1940 Hitler invadió los Países Bajos y comenzó la represión contra los judíos.

Ante la amenaza de ser deportados, el padre de Ana y Van Pels, su socio, con la ayuda de los empleados de la oficina, fueron preparando un escondite en el edificio de la empresa. El momento de pasar a la clandestinidad llegó cuando Margot, de 16 años, hermana de Ana, de 13, recibió una citación de la SS en la que le notificaban que debía presentarse para ser enviada a un campo de trabajo.

La casa de Ana Frank
El 6 de junio de 1942 los Frank y los Van Pels se trasladaron al escondite donde vivieron hasta el 4 de agosto de 1944. Habían sido delatados y policías de la SS armados los detuvieron. Días después fueron deportados a distintos campos de exterminio. Por esas fechas se recurría menos a las cámaras de gas, pero las condiciones de vida eran terribles. 

Anna y su hermana murieron a causa del tifus, en marzo de 1945, en el campo de concentración de Bergen-Belsen. Sólo faltaban dos meses para el final de la guerra y se seguía matando con usura (como escribía un personaje de Los girasoles ciegos); continuaban los bombardeos en las ciudades alemanas, y los presos confinados en los campos morían por epidemias e inanición. De los ocho escondidos de la casa sólo sobrevivió Otto Frank, el padre de Ana.

La casa Ana se encuentra en el número 263 de Prinsengracht. En los años 50 el edificio, casi en ruinas, estuvo a punto de ser demolido. Gracias a la movilización de un grupo de ciudadanos se logró conservar el lugar como un símbolo de lo que sucedió. La gran difusión del diario en el mundo, así como las versiones para el cine y el teatro, ayudaron a que la casa se convirtiera en un lugar de memoria. El museo se abrió en 1960 y fue ampliándose hasta que en 1999 se inauguraron las nuevas instalaciones, que ocupan el 265 y el 267 de Prinsengracht.   

En España, para la generación nacida en los años 60, la historia de Ana Frank, supuso uno de los primeros acercamiento al drama del Holocausto. Entonces sólo se conocía la versión del diario editada por Otto Frank, quien había censurado una parte considerable de lo que su hija escribió. Ana pasó su adolescencia en la “casa de atrás”, como llamó a su escondite. A través de sus textos asistimos a los cambios que se producen en su cuerpo y a las reflexiones y contradicciones de su mente, en una etapa hermosa y complicada en la evolución de cualquier ser humano.

Ana estaba madurando entre cuatro paredes, rodeada de los mismos rostros que se enfrentaban a una rutina diaria. Su puente al exterior eran sus protectores, los trabajadores de la oficina que visitaban a menudo el escondite y les abastecían de todo lo necesario para vivir. Ana escribe sobre la relación con su madre, con la que no congenia, disecciona las delicadas situaciones de convivencia, las rencillas diarias, la mezquindad o la grandeza de los habitantes de la casa de atrás. Nos cuenta detalles de la vida cotidiana: la comida, la limpieza, el horario, el estudio, las lecturas. Ana también despierta al sexo e intenta vivir un amor.

Prinsengracht. En el número 263 está la casa de Ana Frank

Nada extraño hay el diario que no recuerde los diarios de tantas chicas inteligentes, despiertas, impetuosas, sensibles, y con grandes deseos de ser escritoras. Ana disfrutaba escribiendo, era su gran pasión y lo que salvaba del desánimo. Así, en la primavera de 1944, cuando oyeron por la radio que el ministro de Educación en el exilio dijo que después de la guerra se haría “una recolección de diarios y cartas relativos a la guerra”, para que perdurara la memoria de tanto sufrimiento, Ana se ilusionó y comenzó a pasar a limpio su diario, sin dejar de seguir escribiendo nuevas entradas, con su habitual forma de carta.   

Otto Frank murió en 1980 y legó los originales de Ana al Instituto Holandés para la Documentación de Guerra de Amsterdam (en la actualidad el Instituto para la Documentación de la Guerra, el Genocidio y el Holocausto). Ante la continua polémica sobre la posible falsedad de los diarios, el Instituto llevó a cabo una investigación en la se comprobó la autenticidad de los escritos. Más tarde se realizó una edición, hasta ahora canónica, del Diario, donde se recogen también cinco páginas nuevas aparecidas en 1998.

Todos los días numerosos turistas y visitantes cumplen con el ritual de acercarse a Anne Frankhuis. Muchos soportan largas colas para acceder a la famosa “casa de atrás”, sin muebles, con las señales en la pared en la que el padre de Ana había ido midiendo a sus hijas, con las fotos y los recortes de revistas en la habitación de la chica. Una vez en la casa, en respetuosa fila, el visitante contempla lo poco que hay que ver, la luz de una bombilla, el wáter de cerámica decorada, el fregadero, y la estantería que conduce a la casa de atrás.

Sólo una maqueta recuerda la disposición de los muebles y los objetos. Otto Frank no quiso que se amueblaran las habitaciones, como un símbolo del vacío que dejaban los desaparecidos. Pero también era una realidad; la deportación iba acompañada del expolio. Los escondidos pertenecían a familias acomodadas. Los abuelos de Ana habían sido ricos, y su familia continuaba en buena posición.

Aquel escondite en Prinsengracht era un lugar privilegiado, y Ana lo sabía y lo recordaba en sus escritos. Por la radio seguían esperanzados la evolución de la guerra, mientras que sus protectores los mantenían en contacto con el mundo exterior más cercano, el de Amsterdam, las deportaciones, el hambre, los niños vestidos con harapos, las consecuencias de los ataques aéreos, los fusilamientos, los robos. Y el miedo iba creciendo a la vez que Ana crecía. El miedo a los bombardeos, a caer enfermos y no poder ser atendidos, a ser descubiertos. El miedo se convirtió una noche en una cubeta llena de excrementos. Alguien había entrado en el edificio y nadie podía moverse, ni ir al baño.

La casa de Ana Frank podría considerarse uno de tantos lugares turísticos. Pero la casa es algo más que eso, es un lugar de memoria. Hoy, 70 años después de la muerte de Ana Frank, el lugar donde estuvo escondida esa niña y, sobre todo, la lectura de su diario, nos recuerdan aquello que nunca más, a ningún ser humano, le debería suceder.


Podéis hacer una visita virtual a la casa de Ana Frank en este enlace: CASA DE ANA FRANK


El texto y las fotografías de esta entrada pertenecen al blog De nada puedo ver el todo

sábado, 10 de enero de 2015

40 años de "la verdad sobre el caso Savolta"

 Fotografía de Eduardo Mendoza, aparecida en "El País" Eduardo Mendoza, en Barcelona. / Gianluca Battista

En este artículo de "El País" hoy sábado, 10 de enero de 2015, Eduardo Mendoza rememora 40 años después las condiciones en que escribió ‘La verdad sobre el caso Savolta’, que la censura consideró "un novelón estúpido y confuso" Con estos comentarios sabemos el "nivel cultural" que manejaban algunos censores.
Leída en mi juventud y releída en un par de ocasiones (tengo que revisitarla una vez más) es la historia de una corrupción; su lectura hoy remite a lo que sucedió en Barcelona (y en España) con la mezcla de los negocios y la política en la primera posguerra europea del siglo XX, narra el auge y la destrucción de una empresa de venta de armas, se sirve de todos los géneros narrativos posibles. Se publicó en abril de 1975

martes, 25 de noviembre de 2014

La Biblioteca también contra la violencia de género




Hoy, 25 de noviembre, es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. En este sentido, la biblioteca dispone, de forma continuada, de un punto de interés dedicado a los libros cuya temática es la Coeducación.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Toulouse Lautrec




Tal día como hoy, hace 150 años, nacía el rey de Montmartre. Un pequeño gran artista que murió, a los 37 años, de tanto beberse la vida.

Nadie como él supo retratar el París bohemio de finales del XIX: sus cafés, teatros, cabarets, burdeles... Es uno de los pintores más queridos por el público. Quizás su leyenda en torno a la vida atormentada que llevó a causa de una anomalía congénita que impedía que sus huesos crecieran con normalidad y deformó su cuerpo, aumentada por esa otra leyenda que siempre acompañó a la bohemia artística parisina de principios del siglo XX —una vida de excesos, entre alcohol, cabarets y burdeles—, han hecho de Henri Toulouse-Lautrec todo un mito de la Historia del Arte.

Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec-Monfa (Albi, 24 de noviembre de 1864 - Château Malromé, Saint-André-du-Bois, 9 de septiembre de 1901), conocido simplemente como Toulouse Lautrec, fue un pintor y cartelista francés de finales del siglo XIX. Se lo enmarca en la generación del postimpresionismo. 

Sus primeros pasos los dio en la localidad francesa de Albi en el seno de una familia aristócrata. Sus padres, el conde Alphonse de Toulouse-Lautrec-Montfa y Adèle Tapié de Celeyran, eran primos hermanos. Una anomalía congénita impedía que sus huesos crecieran con normalidad. A ello se sumarían dos fracturas en los fémures de ambas piernas entre 1878 y 1879. Sus piernas dejaron de crecer, alcanzando una altura en edad adulta de 1,52 m. 

Decía hoy, precisamente una ex-alumna mía de Arte que quizá fuera el pintor que mejor reflejó su vida, esa vida de excesos, alcohol, cabarets...

Toulouse-Lautrec decidió ser pintor, y con el apoyo de su tío Charles y unos pintores amigos de la familia, fue a vivir a París en 1881. Allí, fue alumno de Léon Bonnat, que era un retratista de moda, y, cuando se cerró el taller de Bonnat en septiembre de 1882, tuvo que buscar un nuevo maestro, Fernand Cormon. En el estudio de Cormon se hizo amigo de Vincent van Gogh.

En 1884 Toulouse-Lautrec fue a vivir al barrio de Montmartre, donde tuvo vecinos como Degas. La fascinación que sentía por los locales de diversión nocturnos le llevó a frecuentarlos con asiduidad y hacerse cliente habitual de algunos de ellos como el Salon de la Rue des Moulins, el Moulin de la Galette, el Moulin Rouge, Le Chat Noir o el Folies Bergère. Todo lo relacionado con este mundo, incluida la prostitución, constituyó uno de los temas principales en su obra.


En sus obras de los bajos fondos de París pintaba a los actores, bailarines, burgueses y prostitutas. A estas las pintaba mientras se cambiaban, cuando acababan cada servicio o cuando esperaban una inspección médica. Muy observador, le atraían la gestualidad de los cantantes y comediantes, y le gustaba ridiculizar la hipocresía de los poderosos, que rechazaban en voz alta los mismos vicios y ambientes que degustaban en privado.

Fue muy amigo de Jane Avril que era una de las bailarinas más populares del París finisecular. Jane protagonizará varias escenas como Jane Avril bailando o Jane Avril saliendo del Moulin Rouge. O el retrato que aparece en esta entrada.



Los dueños de los cabarets le pedían que dibujara carteles para promocionar sus espectáculos, algo que entusiasmó mucho a Lautrec, ya que en sus largas noches en estos locales dibujaba todo lo que veía y lo dejaba por las mesas.
         
Toulouse-Lautrec llegó a vender obras y fue reconocido, si bien su popularidad radicó en sus ilustraciones para revistas y carteles publicitarios
Tenía problemas con el alcohol, lo que muchas veces derivaba en locura. Además contrajo la sífilis. El alcoholismo deterioró su salud. Y a partir de 1897 padeció manías, depresiones y neurosis, además de ataques de parálisis en las piernas y en un costado. Sin embargo, seguía pintando de forma firme y rápida; pero en 1899  lo internaron en un sanatorio mental. Allí realizó una colección de pinturas sobre el circo.

Le dejaron ir a casa de su madre en las posesiones de ésta cerca de Burdeos, y el 9 de septiembre de 1901 murió postrado en su cama.

En 1922 su madre y su tratante abrieron el MuseoToulouse-Lautrec en el Palacio de la Berbie, Albi, muy visitado y reconocido por su amplia colección

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Centenario de Julio Cortázar: "Instrucciones para subir una escalera..."


Este año se celebra el centenario del nacimiento del gran escritor argentino Julio Cortázar (1914-1984). La Biblioteca Juan de Aréjula se suma a las celebraciones recordando un famoso relato de este autor: "Instrucciones para subir una escalera", incluido en el libro Historia de cronopios y de famas. Aquí os dejamos el enlace para los que queráis leer el texto: Instrucciones para subir una escalera

Pero las escaleras también se pueden subir al revés. ¿Qué pasaría entonces? La respuesta la encontraréis en este vídeo: "Instrucciones para subir una escalera al revés", con la voz del propio Julio Cortázar. Es todo un lujo:



martes, 18 de noviembre de 2014

Patrick Modiano, premio Nobel de literatura

Un clásico de la literatura francesa contemporánea ha recibido el premio Nobel el nueve de octubre de 2014, aunque la ceremonia, como cada año, tendrá lugar en Diciembre. Dicho autor no es otro que Patrick Modiano nacido el 30 de julio de 1945 en Boulogne-Billancourt, un suburbio de París. Su padre era un hombre de negocios y su madre actriz. Tras el bachillerato estudió en el Lycée Henri-IV de París. Modiano tomó clases particulares de geometría con el escritor Raymond Queneau, quien tuvo un papel decisivo en su formación, y debutó, ya en 1968, con la aclamada novela La place de l’étoile (El lugar de la estrella, en Castellano). 

La obra de Modiano gravita alrededor de temas como la memoria, el olvido, la identidad y la culpa. La ciudad de París suele estar presente en el texto y casi se puede considerar como participante creativa en la obra. No es infrecuente que sus relatos se basen en experiencias autobiográficas o en acontecimientos que tuvieron lugar bajo la ocupación alemana. Modiano encuentra a veces material para sus obras en entrevistas, artículos de periódico o anotaciones propias que ha ido acumulando con los años. Sus libros están a menudo interrelacionados, y puede pasar que episodios anteriores se amplíen o que determinados personajes reaparezcan en diferentes narraciones. El vínculo común es a menudo su ciudad natal y la historia de ésta. 

Un libro con aire documental y con la segunda guerra mundial como trasfondo es Dora Bruder (1997; en castellano, 1999), que está basado en la historia real de una chica de quince años que fue víctima del Holocausto. Este libro ha sido una de las más recientes adquisiciones de la Biblioteca Juan de Aréjula. 

Entre los libros que tienen un aire autobiográfico destaca Un pedigree (2005; un pedigrí, en castellano, 2007). Otros libros han sido traducidos a nuestro idioma, entre ellos Villa Triste (1975; 1976,2009), Quartier perdu (1984;Barrio perdido, 2012),Un cirque passe (1992;Un circo pasa, 2013),  (2001;Joyita, 2003) y L’herbe des nuits (2012;La hierba de las noches, 2014). Su última obra es la novela Pour que tu ne te perdes pas dans le quartier (2014). Modiano ha escrito también libros para niños e incluso ha trabajado como guionista de cine. Junto con el director Louis Malle hizo en 1974 el largometraje Lacombe Lucien, cuya acción se desarrolla durante la ocupación alemana de Francia, tema, como vemos, recurrente en el autor.

Artículo sacado de la página de la Fundación Nobel: http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/literature/laureates/2014/bio-bibl_sp.html y algún aporte del autor.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Especial Halloween en la Biblioteca

Una recopilación de historias escalofriantes, terroríficas y llenas de magia, escritas por grandes autores con la intención de experimentar la gracia del escalofrío.
Algunos de estos relatos son:
Relatos de fantasmas de Edith Wharton.
Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer.
Drácula de Bram Stoker.
Cuentos de lo sobrenatural ; El guardavías y otros cuentos de fantasmas de Charles Dickens.
Gritos y escalofríos : cuentos clásicos de misterio y de terror.
Relatos escalofriantes de Roald Dahl.
Frankenstein de Mary W. Shelley.